Podemos Cantabria

365 días para el próximo espectáculo

365 días para el próximo espectáculo

365 días para el próximo espectáculo

Pablo Gómez, colaborador de Mundo Rural de Podemos Cantabria

Luis del Piñal, candidato de Podemos al Congreso de los Diputados

Ya sólo quedan doce meses para la próxima alerta por incendios: ¡ha empezado la cuenta atrás! Son 365 días para ver de nuevo nuestros bosques arder, 365 días para ver a Zuloaga hacerse fotos con un camión de bomberos gallego, 365 días para ver a Revilla salvando un corzo cerca de Vega de Pas con una manguera en la mano cual bombero neoyorquino. Justo un año para repetir el déjà vu del humo y la ceniza.

A estas alturas todos lo podemos visualizar, volveremos a acusar a los ganaderos de prender los pastos, volveremos a hablar de pirómanos, volverá la UME y volveremos a aplaudir a las brigadas de montes. ¡Ya queda menos, sentémonos a esperar!

En tan solo 365 días vendrá la primera surada de febrero, 365 días en los que dará tiempo a reunirse varias veces a la Mesa del Fuego, en los que podremos desarrollar nuestra normativa de montes que es una de las más avanzadas de España y que, aun así, no es más que papel quemado. Doce meses para que todos nuestros esfuerzos vuelven a fracasar.

Sabemos que este fenómeno se repite de forma periódica desde tiempos inmemoriales. También, que los responsables políticos lo suelen abordar sin ningún rigor científico. No podemos señalar a nadie simplificando un problema de gran complejidad.

En 365 días volveremos a acusar a un colectivo, pero que nadie se engañe, los colectivos no queman montes. Los montes los queman personas y detrás de las personas hay motivaciones. Y nunca acabaremos con los fuegos si no nos sentamos a dialogar con las personas que los provocan, si no conocemos los motivos que año tras año les empujan a arrasar el monte. No le deis más vueltas, sólo de la participación saldrá la solución. Es necesario escuchar a quien quema el monte, si tenemos claro que es un colectivo hablemos con las personas que lo forman. Si no podemos detener una tradición ancestral, creemos los mecanismos necesarios para que una quema no se haga con nocturnidad sino de forma controlada.

Si después de señalar a un grupo de personas no somos capaces de explicar el origen de la mayoría de los incendios, sigamos investigando. Pero no para acusar, sino para conocer motivaciones. Si preguntamos, tal vez descubramos que el bosque que se quemó tenía los caminos llenos de maleza y que esos caminos son los que transitan habitualmente los pocos habitantes que aún viven cerca de esos montes. Demos voz a quienes tienen que convivir con el monte y su abandono, escuchemos sus problemas, porque sólo a partir de ahí podremos mantener vivo el bosque.

No generalicemos este complejo problema echando la culpa a pirómanos, ni acusemos, sin ton ni son, al conjunto de los ganaderos. Cada vez hay menos personas trabajando el monte y cada vez están más abandonadas. Y es que, un gran trecho separa al mundo rural de las soluciones que se elaboran en despachos cosmopolitas.

No hablemos de desbrozar con medios mecánicos sin dar ayudas a que se realice por esa vía y no con fuego. No hablemos de que pedir permisos de quemas sin analizar la propiedad del terreno quemado. No hablemos de quemas para recibir más subvenciones sin conocer las modificaciones legislativas al respecto. En definitiva, por muchos argumentos de peso que se tengan desde el punto de vista técnico, no nos olvidemos de empatizar con la difícil situación del mundo rural y sus graves problemas.

Desde Podemos, entre otras medidas, solicitamos en reiteradas e infructuosas ocasiones la creación de una empresa pública que gestione los montes. Que minimice los riesgos del abandono de las zonas rurales en contacto directo con el hombre. Que regule el monocultivo del eucalipto. Que haga compatible la vida en el medio rural con la existencia del bosque. Que haga posibles las quemas legales y controladas. Que baje al barro y desde el barro desarrolle el mayor potencial que tenemos como comunidad, que no es otro que nuestra riqueza medioambiental. Necesitamos una gestión racional del monte capaz de crear riqueza en las zonas rurales al tiempo que se conserva nuestra biodiversidad. Reciclemos antiguas zonas de pasto transformándolas en cultivo de maderas nobles, ya que en la actualidad el aprovechamiento maderero se limita al cultivo del eucalipto y en menor medida al pino. Cultivos que se quedan cortos si tenemos en cuenta el enorme potencial que tiene nuestra Cantabria.

Que estos cultivos sean gestionados por dicha empresa pública, que compense la larga amortización de la inversión. Que se encargue de pagar al propietario del bosque el valor de esa venta prorrateada a lo largo de la vida del cultivo desde la siembra hasta la tala. Que el propietario del terreno tenga una alternativa que le vaya a dar beneficios para que el matorral no invada los pastos abandonados y el fuego no se vea como una herramienta. Pongámonos manos a la obra y pongámonos ya. O sentémonos a esperar, pues ya sólo quedan 365 días para el próximo espectáculo.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies