Podemos Cantabria

Cántabras

Cántabras

Rosana Alonso

Rosana Alonso. Diputada de Podemos.

Con entusiasmo, admiración y mucha esperanza observo cada día la fuerza que va emergiendo en nuestras ciudades y pueblos a cargo de diferentes colectivos que nacen o se renuevan con espacios dinámicos, con proyectos concretos, con reivindicaciones colectivas y con reflexiones imprescindibles.

El pasado viernes tuve el placer de disfrutar la mesa redonda que organizó Cantabria No se Vende con el tema “Cultura e identidad para la Cantabria del s. XXI”.

En una Comunidad Autónoma reiteradamente silenciada, sometida e ignorada resulta ilusionante encontrar momentos cada vez más amplios y extensos tanto en asistencia como en tiempos en los que poner sobre la mesa quiénes somos desde la raíz de nuestra historia y nuestros corazones y a dónde vamos como proyecto vital, como compromiso colectivo, como anhelo de lo que nos es propio y nos es robado.

Cantabria es más inmensa que su belleza paisajística. La diversidad que configuran sus valles forma parte de la riqueza de un pueblo unido a través de su geografía: las formas de vida desarrolladas históricamente y reflejadas en nuestra cultura y nuestras tradiciones conforman nuestra esencia aunque a menudo no nos detengamos a observarla, aunque quienes nos gobiernan se nieguen a valorarla.

Merecemos respeto como lo que somos. Las cántabras y cántabros merecemos que nuestros derechos y nuestros intereses sean reconocidos y defendidos. Merecemos, por tanto, políticas que miren a la gente de esta tierra, que faciliten su trabajo y que fortalezcan su economía, sus servicios públicos, su identidad.

En ese camino de lucha y realización, como seres sociales e interdependientes que somos, la identidad colectiva fortalece nuestra individualidad al trascenderla. No renunciemos nunca a indagar y aprender lo que implica un recorrido de vida marcado por nuestro clima, nuestros alimentos, nuestras costumbres nacidas de los miedos, las sabidurías y los sueños de quienes arraigaron entre estas montañas y mares. Desde el orgullo de ser cántabras podremos proyectar una Comunidad digna para nuestras hijas.

Son muchos y profundos cada uno de los aspectos esenciales que configuran el necesario desarrollo de Cantabria y es en cada uno de ellos donde ya no se puede ni se debe obviar la palabra, la presencia y la acción de la mujer.

Son demasiados ya los espacios de debate de importancia vital sobre la Autonomía que queremos en los que no se contempla como condición básica la perspectiva y necesidades de la mitad de nuestra población.

No podemos negar que por fin el feminismo implica un cuestionamiento y una transformación imparable y que, por suerte, está comenzando a generar y vislumbrar cambios acerca de la estructura, no solo social y política sino económica de todo el país, y este es un aspecto en el que nuestra Comunidad Autónoma tampoco puede quedar atrás.

El papel que ha jugado la mujer en la historia de Cantabria es enorme en todas sus vertientes hasta el punto de que pronunciamos su nombre en femenino (e incluso a veces la hemos representado como una diosa). El incuestionable papel de los lugares y funciones de las cántabras en el camino hacia la igualdad y el bienestar colectivo, hace que no sea discutible la imperiosa necesidad, por ejemplo, de modificar todas las tradiciones en que no se respete esa premisa de su presencia allá donde quiera estar al margen de los roles que en otras épocas fueron solo masculinos. Las tradiciones cambian porque no existen para someter nuestra existencia al pasado, sino para dotarnos de una referencia común que nos hermane, y así, en cierto sentido, cada generación necesita reinventarlas.

El enfoque feminista, es decir la igualdad y equidad en todos los ámbitos de nuestras vidas, ha de materializarse en cada acto y acción concreta, considerando que esa mitad de la población tanto tiempo acallada debe estar presente en todos los procesos de expresión, opinión, debate y decisión. Ya no concebimos reflexiones colectivas en las que no aparezcan la voz, la mirada, el recuerdo y la proyección de las mujeres de Cantabria, de las cántabras que, al fin y al cabo, siempre constituyeron los pilares de nuestras vidas y que vamos a ser, sin lugar a dudas, el motor de construcción de la Cantabria que nace.

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