Podemos Cantabria

Mujeres olvidadas de la cultura cántabra

Mujeres olvidadas de la cultura cántabra

 

Hoy compartimos un texto de María Toca Cañedo, escrito para la Secretaria de Cultura y Memoria Histórica de Podemos Cantabria. Olvidar el pasado es estar condenados a repetirlo.

Gracias María.

«Llevaba una noche a casa a mi querida Marta Peredo después de asistir ambas a una charla sobre Memoria Histórica, le pregunté a la vez que me preguntaba qué hubiera sido de nosotras, las mujeres, de haber ganado la guerra la República después de los avances conseguidos en el breve tiempo que duró. Marta con su angelical sonrisa me miró, respondiendo: “No te preguntes eso María, si no quieres amargarte” porque fue tan grande el retroceso,  tan grave el descalabro al que nos sometió la dictadura que mucho me temo seguimos convalecientes de la esquilmación cultural sufrida. Los aires de libertad, el valor que se dio a la cultura durante la época republicana, sobre todo en lo concerniente al empoderamiento femenino, es algo que ni sus más recalcitrantes enemigos niegan. El Lyceo Femenino, las agrupaciones feministas que comenzaban a despuntar, publicaciones como Mujeres Libres, que crecían al amparo de la recién estrenada libertad, hicieron crecer a un grupo de mujeres en todos los ámbitos culturales. Se las ha ninguneado borrando sus huellas cuando su talento era similar al de la Generación del 27.

Muchas de nosotras volvemos los ojos a ellas porque les debemos tanto que el agradecimiento es y será infinito.

En Cantabria, a modo de ejemplo, citaré a tres mujeres que son referente y prueba de lo que digo. Consuelo Berges, Matilde de la Torre y Matilde Zapata. Las tres definen la trayectoria vital y social de la mujer en Cantabria, convirtiéndose en triste prototipo de un despilfarro de genio tan triste como apabullante.

Comienzo por la gigantesca Consuelo. Hija natural de mujer de pueblo y señorito de alcurnia, liberal pero señorito al fin y al cabo, destacó desde muy niña por su natural inteligencia que llegando a oídos de la abuela paterna la recoge y pasa a vivir en la casa familiar. Hagamos notar que no es su padre, sino la abuela quien se ocupa de la pequeña Berges, de no haber sido así, hubiera crecido en las montañas de Ucieda (que no es mal sitio) cuidando vacas y analfabeta. En la casa familiar se encuentra Consuelo con el enorme tesoro de la biblioteca familiar. Aprende a leer y a escribir ella sola explorando la biblioteca de forma autodidacta porque no recibe formación. Aprende francés de la misma forma, leyendo textos en la soledad de la casa familiar… Más tarde el padre se hace cargo de su formación como maestra en la Escuela Normal de Santander, título que cede a la escuela que está formando en Cabezón, la otra mujer de la triada, Matilde de la Torre. Matilde no es maestra y necesita el título de Consuelo para abrir su escuela. Ambas saben que el camino de la libertad se debe empedrar de cultura y a ello se ponen con todas las fuerzas.

Consuelo Bergés ha crecido libre, libertaria, independiente y no soporta la dictadura de Primo de Rivera, por lo que emigra a Perú donde hay familia de su padre. Escribe en la prensa de cada ciudad que visita en su periplo americano. Torna a España con el advenimiento de la República, ilusionada por el empeño de libertad que supone. Colabora con la prensa de CNT/FAI, sigue ahondando en su ideario anarquista, se hace masona y escribe sin parar. Con una inteligencia y capacidad crítica fuera de lo común que pone a disposición del feminismo y de la consecución del voto femenino colaborando con su amiga Clara Campoamor. Aunque la ofrecen cargos que no acepta siendo consecuente con su ideario anarquista. Consuelo voló siempre libre, independiente y libertaria.

Al perder la guerra huye a Paris donde sobrevive haciendo traducciones con su precario francés. Descubre a los clásicos, Flaubert, también traduce a Proust hasta encontrarse con Standhal y producirse el flechazo absoluto con su obra. A partir de entonces, Berges se convierte en standhaliana confesa y sus traducciones son insuperables.

La Gestapo la apresa y tornándola a España, es confinada en un campo de concentración. Su delito, ser mujer, masona, rebelde, escribir y ser libre…Durante cuatro años está presa hasta que la influencia de unos familiares afines a Franco consiguen su libertad. El precio es no utilizar su pluma jamás para crear. Convertirse en una oscura traductora de los franceses y mantenerse en silencio. Lo hace, guarda su talento y lo vuelca en obra ajena. Trabaja cual penada hasta que muere en 1988. Poco antes, impelida por la pobreza en la que vive, solicita del Ministerio de Cultura una beca de 500.000 pts. para sobrevivir. Huelga decir que no se la conceden. Muere en la indigencia, sola, dejando una gran obra de traducción pero pensamos que de no haber sufrido la tragedia que la tocó vivir, su obra hubiera sido pareja a su enorme talento.

Matilde de la Torre, es la más conocida de las tres, quizá porque al ser una respetada folklorista, investigadora y descubridora de joyas de la tradición de Cantabria (la debemos el descubrimiento de la danza de Ibio) se le han reconocido méritos que de otra manera se hubieran olvidado.

Familia de Consuelo Berges, mostró talento e inteligencia desde niña. Amaba la enseñanza creando la escuela Torre en Cabezón, a la que Berges prestó su título, como decíamos antes. Con la llegada de la República, se le despierta la conciencia feminista y política. En el bienio negro se movilizó políticamente hasta a presentarse al Parlamento por el PSOE, como candidata por Oviedo. Aunque las izquierdas perdieron las elecciones, Torre sacó el escaño y desde el mismo luchó por no perder las reformas progresistas del gobierno anterior. Su conciencia feminista fue acrecentándose a la vez que su testimonio de mujer libre (tuvo un breve matrimonio con un  primo arequipeño del que huyó como alma que lleva el diablo al poco de llegar a Perú. No estaba hecha para las ataduras que suponen los esponsales la buena de Matilde).

Con la derrota llegó el exilio y el expolio de su casa, de sus libros, muebles y pertenencias familiares, que aún andan desperdigadas en manos ajenas. Matilde marchó al exilio junto con su hermano impedido. Eulalio Ferrer, en su diario del exilio nos cuenta la abnegación de Matilde hacia su hermano. Poco después muere, o es muerta por la pena, la angustia y la desesperanza de un exilio que auguraba largo. Perdimos a otra importante mujer. Perdimos su talento demasiado pronto.

Dejo para la última parte de esta crónica a mi querida (a base de leerla, seguir sus pasos, forma parte de mi familia) Matilde Zapata. Mujer inquieta, nacida lejos de Cantabria, llega de la mano de su familia de muy niña. Aquí arraiga, desarrollando su talento periodístico con el que luego fue su marido y valedor, Luciano Malumbres, en La Región, periódico dirigido por Malumbres. En sus artículos nos muestra, Matilde, una prosa lúcida y afilada cual estilete que fustiga la pacatería de una ciudad ensimismada y burguesa como era el Santander de los años treinta. Adalid de toda causa justa que conociera, fue defensora de modistillas, pescateras, conserveras santoñesas, donde era admirada y querida con veneración debido a su enconada defensa de los derechos de unas mujeres que trabajaban a destajo sin ningún reconocimiento ni derecho. Fustigó a la iglesia cómplice de terratenientes y poderosos, a la vez que mostraba una fe cristiana de base y una empatía admirable con el sufriente. A Malumbres lo asesina un falangista en Junio del 36 en la cafetería Tívoli de la calle del Martillo. Muere, mientras ella, atragantada de dolor, saca adelante la edición del periódico del día siguiente. A raíz de ese crimen execrable, se radicaliza, pasando a militar en el incipiente PCE. Al declararse la guerra, mantiene su militancia participando en mítines y escribiendo sin descanso.

Analizando la prosa de Matilde siempre he pensado que de no tener que pelear en luchas urgentes hubiera sido una gran literata. No le faltaba aptitud y dominio del lenguaje. Leyendo sus artículos se nos eriza la piel de pura emoción; su limpieza en el lenguaje nos hace apreciar un talento literario perdido.

Embarcó cuando cayó Santander, en Agosto del 37, con la mala suerte de que su barco fuera interceptado por las tropas franquistas, deteniéndola y trasladándola de nuevo a Santander, donde fue juzgada poco después siéndole impuestas dos penas de muerte, a lo que ella responde con gallardía al fiscal: “guárdese señor fiscal una de las penas, puede que le haga falta a usted algún día” La humillaron, raparon el pelo, pasearon desnuda delante de los presos (todos, sin exclusión, bajaron la mirada en señal de respeto a una mujer tan grande). Fue fusilada el 28 de Mayo de 1938 en Ciriego. Yace en la fosa común del mismo cementerio en compañía de los suyos.

La perdimos pero jamás la olvidamos.

Son tres mujeres que definen lo que pudimos ser. Tres personajes que nos impulsan a seguir sus huellas y tratar de superar los problemas cotidianos y a crecer. Somos porque fueron, porque abonaron un camino que hoy transitamos. El de la libertad. El de la cultura».

María Toca©.

Escritora

Coordinadora de http://www.lapajareramagazine.com

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