Podemos Cantabria

Nueva etapa, nuevas oportunidades para Cantabria

Nueva etapa, nuevas oportunidades para Cantabria

Nueva etapa, nuevas oportunidades para Cantabria

No hay duda de que España está viviendo un cambio. Un cambio de gobierno, sí, que facilité con mi voto para expulsar al partido más corrupto de Europa, pero también (y esto es más importante) un cambio social y cultural, que se mueve, se oye y se siente en las calles, y del que la moción de censura ha sido solo un primer paso.

Por eso, cuando dije “sí” a la salida de Mariano Rajoy y sus ministros del ejecutivo, me acordé especialmente de uno de ellos, contra el que la ciudadanía de Santander primero y de toda España más tarde había aprendido a organizarse y defenderse: Íñigo de la Serna.

Abrimos una nueva etapa en España, una etapa de oportunidad. Y Podemos Cantabria tiene demandas reales que transmitir al nuevo ministro de Fomento, que tiene como el resto del nuevo gobierno el reto de revertir los desmanes y excesos de sus predecesores.

Queremos que se elabore un Plan Estratégico de Infraestructuras ferroviarias que detecte necesidades y oportunidades y redefina el modelo ferroviario de Cantabria para vertebrar nuestra Comunidad internamente y con las provincias vecinas (especialmente Asturias y País Vasco). Es preciso, desde luego, regresar al consenso del Parlamento de Cantabria en materia ferroviaria y elaborar un proyecto de adaptación de la línea convencional Palencia-Reinosa que permita unir Cantabria con Madrid en tiempos competitivos sin disparar los costes. Pedimos también, por supuesto, el desmantelamiento de los espigones y la regeneración de las playas de Santander antes de que sea demasiado tarde, aplicar una moratoria sobre los proyectos de la A-67 y la A-8 hasta evaluar si son realmente necesarios y, muy importante, priorizar los proyectos que permitan mejorar las comunicaciones de valles tradicionalmente olvidados, como Liébana y la Comarca del Asón, que merecen ver mejoradas sin demora sus principales vías de acceso (N-621, desfiladero de la Hermida y N-629, incluyendo el Puerto de los Tornos, respectivamente.

Ante todo y como conclusión, pedimos que no se vuelva a hacer política de infraestructuras de espaldas a aquellos que las usan y las necesitan. Que se ponga siempre en el centro a quien las paga con sus impuestos y las debe usar diariamente. Que, en resumen, se escuche siempre a ciudadanas y a expertas y no a las ambiciones personales como las del viejo alcalde de nuestra capital, que siempre se distinguió por su falta de diálogo, su arrogancia y sus escasos escrúpulos. Todas recordamos el nombre de Amparo Pérez, a la que expulsó de su casa en los últimos años de su vida con tal de construir un vial de cuya necesidad todas tenemos serias dudas. Y como recompensa por lo que a juicio del señor Rajoy debía ser una excelente forma de gestionar lo público, se le premió hace año y medio con la cartera de Fomento.

¿Y qué hizo De la Serna estos dieciocho meses con ella? Lo único que sabe hacer: utilizar su cargo público para el provecho personal. Desde su ministerio en Madrid desplegó un llamativo interés en Cantabria, en una hiperactividad de propuestas que apuntaban claramente a su propia publicidad en nuestra comunidad y no al interés general de nuestra gente. Debemos recordar, por ejemplo, que rompió el consenso en materia ferroviaria dejando de lado a la Mesa del Ferrocarril. Los proyectos que presentó en esta materia tienen un elevado componente de megalomanía y desde luego son muy poco viables: ¿es racional plantear un AVE a Reinosa con doble vía y diez trenes diarios? ¿Es algo así sostenible para Renfe y tiene un precio accesible para el cántabro medio? ¿Tiene el Plan de Cercanías que presentó una planificación lo suficientemente detallada y documentada? Desde luego, plantear que hay que duplicar la vía Torrelavega-Santander sin corregir su trazado no parece haber tenido una reflexión técnica detrás ni surje de una escucha activa previa a los usuarios. Pero es que además el ministerio de Fomento de De la Serna ha atacado directamente a nuestra tierra en el sentido literal. Los espigones que ha promovido primero desde el Ayuntamiento y que ha ejecutado después desde el Ministerio en la playa de la Magdalena alteran ya, -como advierten ya varios colectivos en defensa del territorio- el paisaje, la dinámica mareal y el ecosistema de la bahía de Santander, y el tercer carril de la A-67 destroza paisajes, derrumba viviendas y pasa por encima de cientos de propietarios sin que ello suponga una mejora sustancial para el ciudadano.

Todo ello, para más inri, “financiado” con presupuestos inflados que no se podían cumplir y retirando dinero de lo realmente importante: iluminación de autovías, actuaciones en materia de seguridad, empleo público, mantenimiento de infraestructuras y obras realistas verdaderamente necesarias y proporcionadas al uso que van a tener. Y bajo esta agenda faraónica de grandes anuncios sin viabilidad y sin respeto a la sociedad civil, hemos visto a Íñigo de la Serna convertir su partido en Cantabria en una subsecretaría más de su ministerio dirigida desde Madrid. Es difícil no pensar que lo que está preparando es su desembarco para las próximas elecciones autonómicas, un desembarco que esperemos que su rotundo fracaso en el gobierno le quite de la cabeza de una vez por todas. Cantabria lo agradecerá.

Artículo publicado en El Diario Montañés (18 de junio de 2018).

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