Podemos Cantabria

El futuro de mi tierra.

El futuro de mi tierra.

El futuro de mi tierra.

El futuro de mi tierra es rural o no habrá futuro, así de simple, así de contundente.

José Ramón Blanco. Diputado autonómico de Podemos Cantabria

José Ramón Blanco. Diputado autonómico de Podemos Cantabria

En la política cántabra el insulto hacia nuestros pueblos y nuestro mundo rural es muy descarado. Se hacen políticas que, sin excepción, perjudican a los habitantes del mundo rural, políticas realizadas desde las ciudades, con visiones sesgadas con las que se toman decisiones sin consultar a los habitantes de los pueblos. Decisiones que demuestran que no conocen nuestros pueblos, que desconocen las necesidades reales que éstos tienen en definitiva, decisiones para Cantabria, tomadas lejos de Cantabria. Resoluciones como estas las podemos ver, por ejemplo, en educación, donde la inversión en los colegios rurales es tan poca que provoca que los niños tengan que recorrer todos los días decenas de kilómetros para ir a la escuela.

En sanidad, la falta de atención e inversión es grave: zonas rurales sin pediatras o que van una vez a la semana, como si nuestros niños se pusieran malos en función del calendario o vecinos que tienen que recorrer decenas de kilómetros para que les vea un médico de atención primaria. Todo esto responde a una única estrategia, la de terminar con los pueblos tal y como los conocemos, crear pueblos en serie, mini ciudades, complejos turísticos y de ocio. Si en un pueblo no hay médico o colegio o tampoco comedor escolar, a medio plazo será un pueblo sin padres, sin madres, sin niños, sin gente y sin vida, como ya está ocurriendo en los pueblos de alta montaña.

Y el colofón de las decisiones políticas carentes de fundamento son las relacionadas con el sector primario, aquí se ataca a nuestros pueblos sin ningún tipo de vergüenza a través de un modelo económico que busca destruir por completo el sector primario que hemos conocido. El objetivo es crear fábricas de alimentos vacías de todo contenido social, económico, medioambiental…

En Cantabria nunca se ha apostado de manera valiente por el mundo rural. Todas las políticas pecan del mismo denominador común: la concesión de subvenciones para mantener callados a nuestros productores, mientras se les aplican políticas injustas e inflexibles que lo único que buscan es exterminarles sin que se den cuenta.

Hace unos meses vimos una crisis de sanidad animal, que revolucionó al sector ganadero levemente. Esta revolución fue silenciada con la falsa promesa de agilizar la concesión y el pago de las indemnizaciones, tapando de esta manera el auténtico debate de fondo de la sanidad animal, la regulación de una actividad a través de una legislación pensada para terminar con la ganadería extensiva, una legislación que no tiene remordimiento en sacrificar estabulaciones completas donde el 98% de los animales están sanos, como luego demuestran los análisis de esos animales y que a su vez no tiene ningún reparo en dejar la producción alimentaria de nuestra tierra en manos de las grandes transnacionales, productoras en serie, que solo buscan beneficio económico. Es necesario darle un futuro a las empresas agroalimentarias de Cantabria, para que nuestros colegios, hospitales, residencias… alimenten a sus usuarios con productos cántabros, producidos y elaborados en nuestra tierra. Así defenderemos y promocionaremos a nuestros pueblos.

Cantabria es rural, más del 85% de nuestro territorio es rural y desde las instituciones tenemos que ser valientes, tenemos que enfrentarnos al modelo que nos han impuesto, invirtiendo en nuestros colegios y centros de salud rurales, legislando para proteger nuestro sector primario frente a modelos que quieren destruir nuestros pueblos, siendo capaces de idear nuevas formas de crecer respetando nuestro entorno y nuestra historia, sin recurrir a la reproducción de modelos obsoletos cortoplacistas.

Una vez que consigamos invertir esta inercia de destrucción, podremos ir creando un nuevo modelo que respete a nuestros pueblos y sus gentes y entonces, y solo entonces, Cantabria, la rural, la de siempre tendrá futuro.

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